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El impacto económico del manejo de la resistencia a glifosato en EEUU

En días pasados el USDA publicó un informe sobre el impacto económico del manejo de la resistencia a glifosato en maíz y soja, en EEUU.
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Fuente: MalezaCero.com.ar

El glifosato ha sido el herbicida más ampliamente utilizado en ese país desde 2001. Controla efectivamente muchas especies de malezas y a un costo más bajo que los herbicidas que reemplaza. La siembra directa y la soja tolerante a glifosato han hecho el resto del camino.Sin embargo, la efectividad del glifosato está declinando a medida que las malezas resistentes crecen: hablamos ya de 14 especies en el caso de la producción agropecuaria en EEUU.Las malezas resistentes a glifosato reducen los rindes de los cultivos e incrementan los costos en el control, y recientes estudios sugieren que el monto de tierras cultivadas afectadas se está acrecentando. Este estudio señala muchos de los problemas que las malezas resistentes a glifosato han creado y los efectos sobre la agricultura norteamericana.¿Qué encontró el estudio? Descansar en el glifosato como el único herbicida para controlar malezas es el factor primario subyaciendo a la evolución de las resistencias. Usar glifosato aisladamente puede seleccionar a las especies susceptibles, permitiendo a más malezas resistentes sobrevivir, que luego pueden propagarse y desperdigarse. Usar herbicidas con diferetes modos de acción, los cuales afectan a las especies susceptibles de diferente modo, y la rotación de su uso en el tiempo puede resultar en menos malezas resistentes a herbicidas.En EEUU, desde la introducción comercial de los cultivos genéticamente modificados en 1996, el uso de glifosato en la producción de soja ha promovido el despliegue de las malezas resistentes a glifosato más que en el uso que de él se hizo con el maíz.En investigaciones de prácticas de producción de cultivos, los productores fueron consultados acerca de sus preocupaciones en torno a la resistencia a glifosato, tanto como a la presencia de malezas en maíz o el decline de la efectividad del glifosato en soja. Ellos reportaron infestaciones de malezas resistentes a glifosato en 5.6% de las hectáreas de maíz y decline de la efectividad del glifosato en casi el 40% de las hectáreas de soja en 2012, con la mayoría de esas hectáreas en el “Corn Belt” y el “Northern Plains”.La producción de soja recae más en el glifosato que la de maíz. En maíz otros herbicidas fueron utilizados. En suma, la labranza como práctica de control de malezas fue más implementada en una porción más importante de tierras en maíz que en soja, siendo allí la siembra directa más utilizada que en maíz.El uso de prácticas de herbicidas consistentes con el manejo de la resistencia a glifosato fue menor en el área destinada a soja- 60%- que a maíz- 82%.Mientras que en el primer caso las prácticas de manejo fueron mayormente reactivas, en el segundo caso fueron proactivas.Costos aquí y allá. Lo claro es que manejar la resistencia a glifosato es más efectivo a nivel de costos que ignorarla.Según el estudio que Adama Argentina y la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), elaboraron en torno al “Impacto Económico Macro y Micro de Malezas Resistentes en el Agro Argentino”, el Campo Argentino destina US$ 1.300 millones por año a combatir las Malezas Resistentes en el cultivo de soja. Dicho monto está estimado en base a la aplicación de paquetes tecnológicos, en la totalidad del área de cultivo de soja y con un nivel de infestación del 20%, el cual hace al control de la maleza posible económicamente.Si la Argentina no controlara malezas, y llegase a una infestación del 90% de la superficie sembrada con soja, las cifras se elevarían a 17 millones de toneladas perdidas, por un valor de US$ 8.800 millones en facturación y de US$ 2.500 millones en retenciones que no se percibirían”.Por su parte, resultados de simulaciones en EEUU, un período de 20 años, muestra que las elecciones de herbicidas que ayudan a manejar la resistencia a glifosato difieren de las elecciones de corto plazo que lo ignoran en tres importantes modos: (1) usando glifosato durante menor cantidad de años (2) a menudo combinándolo con otros herbicidas alternativos y (3) más importantes, evitar aplicar el mismo producto en campañas consecutivas. Como resultado, la resistencia es manejada a un costo más efectivo y después de 2 años consecutivos de manejar las resistencias el impacto acumulativo de los retornos recibidos excede los recibidos ignorando la resistencia.La respuesta más común en este estudio, consistente con el manejo de la resistencia a glifosato, fue el uso de otros herbicidas en complemento. Los productores usaron esta práctica en el 84% de las has. de maíz con malezas resistentes y en 71% de las de soja, con reducción de la efectividad de glifosato. La segunda respuesta más común fue incrementar la cantidad de producto utilizada. Y esto redundó en un menor retorno a largo plazo.En cuanto al retorno, vale traer a colación el estudio ADAMA/FAUBA una vez más. El productor local promedio, al hacer sus cálculos, sólo percibe el retorno económico de comenzar a controlar las Malezas Resistentes cuando tiene un 20% o más de infestación. De allí se puede concluir que entre el 0% y el 20% el “no- control” implicaría una pérdida de divisas para el país estimada en US$ 1.500 millones.Se agrega que las retenciones son un desincentivo económico al control de las Malezas Resistentes. Al elevar el costo de producción, el grado de infestación económicamente justificable aumenta en un 50%.Para leer el informe completo del USDA, clic aquí.Para leer el informe completo de ADAMA/FAUBA, clic aquí.