Foto 1

Malezas, un problema colectivo

En un taller destinado a analizar lo que las malezas han impactado sobre el agro argentino, Adama y la FAUBA retomaron el debate sobre las responsabilidades.
Foto 1

Fuente: MalezaCero.com.ar

El último Congreso Aapresid dejó como eco la fuerte preocupación que existe en el sector por la problemática de las malezas resistentes. Fue en un taller organizado por Adama en donde se habló específicamente acerca del impacto económico que esto ha generado en el agro argentino. Con base en un estudio recientemente elaborado por Adama y el Programa de Agronegocios de la FAUBA, Luis Mogni y Hernán Palau (FAUBA) presentaron las principales conclusiones alcanzadas.

“¿Por qué generamos malezas resistentes?”, preguntó tácitamente Luis Mogni al público. “Los que somos más viejos sabemos que en una época estábamos muy acostumbrados a que los productos que teníamos no mataban a todas las malezas que encontrábamos. Fue después del glifosato que empezamos a trabajar muy fuerte sobre una sola tecnología”. Por supuesto que o fue esa la única causa de lo que se vive. “Había poca rotación, problemas de subdosificación, uso intensivo de una sola molécula, vías mecánicas de expansión como el viento, escorrentías o cosechadoras. Fue el sistema de producción en un todo lo que generó esto”, refirió Mogni y definió por eso mismo al problema de malezas como “un problema colectivo”. Y cuando se habla de problema hay un eje primordial: “El principal problema de las malezas resistentes es la reducción de los márgenes del negocio (tanto por mayores costos como por menores ingresos)”, definió Mogni.

Hernán Palau posó su mirada sobre aquellos lugares donde la situación es más complicada que en Argentina: EEUU y Australia.

“En EEUU se estima que tiene 24,9 millones de has infestadas con malezas resistentes con lo cual tiene un costo extra de 2000 millones de dólares”, reflejó al tiempo que en Australia se invierten entre 2500 a 4000 millones de dólares extras. “¿Qué hicieron estos países?”, se preguntó. Pues un manejo colectivo. “En EEUU Weedscience tiene una red de alerta de productores con denuncias en una página web, que cuenta con financiamiento del USDA. En cada estado hay una universidad estatal y cada una tiene un departamento que se ocupa de las malezas resistentes. La problemática es local, la solución es local”, mostró Palau.

En Australia, por su parte, existe el “Weed Watcher” y más de 10 sitios donde encontrar información. “Hay programas de investigación; se conforman redes de distintos organismos, lo mismo que en EEUU”, afirmó el investigador de la FAUBA.

¿Y por casa? En Argentina la situación es muy distinta. “No hay reglamentaciones, el relevamiento es realizado por una ONG como Aapresid; el INTA tiene algunas investigaciones locales. Cada uno de los actores que brega por el problema lo hace de manera individual. No hay un manejo colectivo”, reflexionó Palau.

Luis Mogni retomó las consecuencias de este problema en el lote, siguiendo la misma línea. “Esto no es homogéneo. Puedo tener un problema pequeño que se desmadre”.

Retomando las conclusiones del estudio Adama/FAUBA, Mogni advirtió: “El incremento del costo de producción entre un lote que tiene y uno que no tiene malezas es de 65 dólares por ha. En 20 millones de has, hablamos de un costo de 1300 millones de dólares por año en Argentina”.

Y para dimensionar cómo cambia el escenario si adoptamos una mirada más amplia: “Si solo yo controlo y no mi vecino, tendré una mejora del 10%. Si ambos yo y mi vecino lo hacemos, la mejora superará el 19%. Los sistemas deberían ser más regionalizados”, añadió Mogni.

“¿Podemos afrontarlo? Sí porque con ello vamos a reducir la pérdida potencial de 8,8 mil millones de dólares para el país. El impacto macroeconómico es lo más importante”, y así quedó expresado.

“El productor está perdiendo margen pero es un juego en el que pararse- afirmó Luis Mogni- la discusión es cuanto me va a costar entrar en ese lote el año que viene. Estoy invirtiendo en el mantenimiento de mi campo. No puedo dejar que el daño se provoque ni a mí ni a mi vecino. Es un compromiso social”.

“Tenemos que poner manos a la obra, coordinar y trabajar juntos”, concluyó Sebastián Coggiola, Gerente de Desarrollo y Estrategia de Mercado de Adama.