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El conocimiento se abrió paso entre las malezas

"Malezas 2015" fue la primera experiencia argentina en un congreso latinoamericano de malezas. Y dejó impulso de más.
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Fuente: MalezaCero.com.ar

Malezas 2015 no fue un congreso más. Representó el XXII Congreso Latinoamericano de Malezas (ALAM) y el I Congreso Argentino de Malezas (ASACIM). La experiencia local buscó analizar el estado actual del saber en relación a las malezas, y en particular, todo aquello vinculado a los avances tecnológicos y los nuevos problemas detectados en los sistemas de producción. Conferencias plenarias, presentaciones orales y pósters de trabajos de investigación colmaron de conocimiento a los presentes.

“Hay que valorar la cantidad de trabajos orales y escritos que formaron parte del programa- resaltó Martín Marzetti, Gerente de la REM de Aapresid y parte de la organización del evento- Se presentaron más de 200 trabajos entre los nacionales, los de Brasil, Venezuela, Colombia, Chile y Uruguay. Es valorable que haya toda esa cantidad de información que se vuelque en un congreso de estas características”.

A sala llena durante todo el evento, más de 750 personas apreciaron la calidad y el nivel de las disertaciones. “Generalmente estos congresos los organizan los científicos y está dirigido solo para ellos. Este año se intentó vincular la temática con el medio. Asesores, empresas con sus técnicos y desarrollistas, universidades y también científicos. Si la información queda en un círculo cerrado no sirve y esa fue la mayor distinción de este congreso”, declaró Marzetti.

Desde el gen hasta el lote. Paul Neve de la Rothamsted Research, Harpenden (United Kingdom) se dedicó a analizar la evolución de la resistencia y aportó una mirada distinta. Cierto es que el estudio de la resistencia depende de cuestiones genéticas, ecológicas, de manejo. Pero Neve le sumó un aspecto casi olvidado: la cuestión socioeconómica, aquello que hace que se apliquen o no determinadas prácticas de manejo que podrían cambiar la situación por completo.

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Michael Owen brindó la moraleja de su propia experiencia.

Aumentar la diversidad. Michael Owen, de la Iowa State University (EEUU) mostró con gran elocuencia lo que sucede en su país, en relación a las malezas. “Yo no vengo a enseñarles nada a uds. sino que vengo a mostrar nuestra experiencia, a contarles por qué nos va mal”, comenzó. En el cinturón maicero de EEUU se hacen sólo dos cultivos, soja y maíz. Y según el disertante, es esa poca diversidad la que genera resistencia.“Muy bien no estaré haciendo las cosas porque tengo Amaranthus rudis cerca de mi propia oficina”, ironizó. La estrategia a plantear es diversificar en todo lo que sea posible: modos de acción, cultivos, momentos de aplicación y hasta labranza, la que ellos utilizan como una práctica más. Mientras tanto, en Iowa ya tienen Amaranthus resistente a cinco modos de acción. “¿Cómo lo manejan?”, se interesó alguien del público. “No hay nada que hacer”, replicó con dramatismo Owen. Aunque aún se trata de focos muy pequeños, detectados a tiempo, el especialista contó que los productores contratan a estudiantes de secundaria que necesitan dinero para su baile de fin de año, para que los saquen manualmente del campo.Su mensaje fue pertinente en Argentina donde el 70% de la superficie productiva está ocupada por soja, y donde, por tanto, nada puede salir bien.Claves del éxito en la aplicación de herbicidas. En una mesa redonda coordinada por Sebastián Coggiola (Adama), especialistas desde diversos roles se refirieron a la temática.Luis Balestrini (Balestrini y Cía) cuya empresa realiza mantenimiento de pulverizadoras, hizo un gran aporte. Habló de la importancia de la máquina para hacer una buena aplicación y declaró que, desde su trabajo, confirma que el estado de mantenimiento de las máquinas en nuestro país es de bajo nivel. “Muchos están pidiendo herramientas de precisión cuando ni siquiera las máquinas están en buen estado de mantenimiento y quien las maneja poca idea tiene de lo que hace”, denunció. En un relevamiento de más de 300 máquinas que tienen en mantenimiento, encontró que distintos componentes estaban en mal estado. “A partir de eso podemos cometer graves errores- refirió- hasta tener problemas de fitotoxicidad porque no se limpian bien los tanques, por ejemplo”.Ernesto Jalil Maluf (UNLZ, Argentina) también se dedicó a la aplicación de herbicidas: la mezcla de productos en el tanque, el orden en que se deben mezclar, el conocimiento que hay que tener para una buena aplicación, el uso de coadyuvantes adecuados, todos aspectos indispensables para realizar una aplicación eficiente.Hacia el futuro. Durante el segundo día del evento, César Fernández-Quintanilla, del Instituto de Ciencias Agrarias (CSIC), de España, se abocó a las aplicaciones de la agricultura de precisión y la robótica en la gestión de malezas. Tractores que se manejan solos, drones y sensores robotizados que aún se comportan como prototipo fueron algunos de los ejemplos que el español mostró. “Para que la agricultura de precisión valga la pena, necesitás variabilidad y las malezas aportan la variabilidad necesaria como para que se justifique realizarla”, enunció. “En vez de hacer aplicaciones homogéneas podemos hacerlas sólo donde hay maleza, a menor costo en insumos y menor impacto ambiental”, replicó y aclaró que hoy todavía no es sencillo porque el cúmulo de información a procesar es muy profuso. El objetivo es que algún día una sola máquina sea capaz de concentrar toda la información.Impacto ambiental del control químico. Francisco Bedmar (UNMDP) abrió un panel destinado a pensar la polémica temática. “Cualquier plaguicida tiene un impacto manejable si se hacen las cosas bien. Pero en Argentina falta mucha legislación que defina los niveles aceptables de toxicidad”, afirmó. “No hay parámetro cierto para evaluar cómo estamos en ese sentido. El estado debería ocuparse de fijar valores para determinar los límites tolerables sobre todo en agua”, reflejó.La cuestión agronómica y el impacto ambiental están totalmente relacionadas, no se pueden desentender una de la otra pero hay métodos para definir la residualidad de los herbicidas. En cualquier caso, el disertante consideró que hace falta más investigación, y mayor presencia del estado.Claudio Ghersa (UBA-CONICET) entendió que el impacto de los agroquímicos no sólo debe medirse por el valor de su toxicidad sino relacionado al alimento que se produce y el medio, a nivel regional.Malezas difíciles. Durante un panel destinado a analizar las especies de impacto, Sergio Morichetti, de AGD, se refirió a Amaranthus sp, una de las más temidas. Palmeri, hibridus o quitensis, fueron muchas las fotografías que mostró de lotes invadidos. “Algo que complica mucho el control de Amaranthus es que crece muy rápidamente y las aplicaciones deben hacerse rápido”, alertó Morichetti quien en su zona, se ve complicado por los fuertes vientos. En el momento en que la maleza crece, primavera- verano, en Córdoba hay días de mucho viento. “El 50% de las horas de trabajo tienen vientos de mucha velocidad y las aplicaciones no se pueden hacer, las máquinas están paradas”, describió y afirmó que deben trabajar más de noche, cuando paran los vientos.Juan Carlos Papa, de INTA Oliveros, se refirió Chloris sp, mostró curvas de emergencia y herbicidas que funcionan. Hizo especial énfasis en Chloris anual virgata, la que se puede controlar. Es preciso conocerla bien pues muchas veces se confunde con Echinochloa. “Tiene un ciclo corto y explota en poco tiempo”, definió. A la consulta de si movería el suelo para controlarla, Papa negó la opción: “porque hay muy buenos herbicidas para manejarla, y mover significa enterrar el banco de semillas”.A su turno, Diego Ustarroz, de INTA Manfredi, hizo su aporte acerca de Sorghum halepense, siendo él quien determinó el biotipo resistente a glifosato y a haloxifop. Luego de mostrar el trabajo que realizó para definir la resistencia, afirmó que es necesario manejarlo desde los primeros manchones con herbicidas, en mochilas. “El maíz tardío hace que durante toda la primavera no haya cultivo que compita y las malezas crecen. Si volviéramos a un maíz temprano, serviría para controlar la presión de selección para esta maleza”, alertó.Emilio Satorre brindó una conclusión importante que dejó paso a nuevas ediciones de este gran evento. En los últimos 20 años hubo grandes cambios en el sistema de producción en Argentina. Con un crecimiento en áreas extra pampeanas, con mucha soja y los cultivos de trigo, maíz y girasol en un nivel constante, se intentó hacer una agricultura industrial “como si fuera una fábrica, repitiendo recetas, y esa fue una de las causas por las que explotó el problema de malezas”, denunció. “Ahora hacen falta grandes cambios basados en el conocimiento”.