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Campo argentino

De MAGAN a ADAMA: 30 años en la Argentina y una apuesta que sigue creciendo

La compañía comenzó a operar en el país en 1996 y celebra tres décadas de trabajo junto al agro argentino. Con más presencia en el campo, nuevas tecnologías y una estrategia enfocada en la productividad, el aniversario encuentra a ADAMA mirando hacia adelante.
Campo argentino

Treinta años en el agro argentino no son solamente una fecha. En ese tiempo cambiaron los sistemas productivos, se incorporaron nuevas tecnologías, aparecieron desafíos sanitarios cada vez más complejos y el productor aprendió a tomar decisiones en escenarios económicos y climáticos muy distintos. ADAMA atravesó esa transformación desde adentro y en 2026 celebra tres décadas de presencia ininterrumpida en el país.

La historia local comenzó en 1996, cuando el Grupo Makhteshim Agan inició sus operaciones en la Argentina bajo el nombre MAGAN. Las raíces globales de la compañía se remontan a Agan y Makhteshim, dos empresas israelíes de protección de cultivos fundadas en 1945 y 1952, respectivamente. Luego de su integración, la organización adoptó en 2014 una única identidad global: ADAMA.

El cambio de nombre marcó una nueva etapa, pero mantuvo una misma especialización: la protección de cultivos y el desarrollo de soluciones pensadas para resolver problemas concretos. En la Argentina, esa capacidad global se combinó con un conocimiento construido campaña tras campaña sobre las condiciones productivas, los cultivos y las necesidades de cada región.

Esa cercanía resulta clave en un mercado que no admite respuestas genéricas. Las malezas difíciles, la evolución de las enfermedades, la presión de plagas y la búsqueda permanente de mayor eficiencia exigen herramientas confiables, pero también presencia técnica y capacidad para interpretar lo que sucede en el lote. Por eso, la propuesta de ADAMA se resume en tres acciones que funcionan como método de trabajo: escuchar, aprender y solucionar.

En estas tres décadas también evolucionó el lugar de la compañía dentro de la industria. ADAMA fue reconocida históricamente por su experiencia en productos post patente, pero hoy esa definición resulta incompleta. La empresa fortaleció su capacidad de innovación en formulaciones y tecnologías, al tiempo que amplió su portafolio de herbicidas, fungicidas, insecticidas y potenciadores de cultivo.

El aniversario llega, además, en un momento de renovada inversión. Durante 2026, ADAMA reforzó posiciones en ventas y generación de demanda, creó nuevas zonas comerciales y profundizó el trabajo con su red de distribuidores. El objetivo es claro: estar más cerca del productor y responder con mayor velocidad a las necesidades de cada campaña.

“Confiamos mucho en el mercado argentino, confiamos mucho en el productor argentino”, afirmó Fabián Quiroga, líder del Negocio para Latinoamérica Sur de ADAMA. Esa convicción explica por qué la compañía sostiene su apuesta por el país y concentra su estrategia en acompañar a quienes buscan transformar tecnología en productividad.

El foco actual incluye una propuesta especialmente sólida para trigo y cebada, junto con una oferta en expansión para soja. Sin embargo, el diferencial no se limita al portafolio. También incluye el respaldo técnico, el vínculo con los canales y el intercambio permanente de información para que cada solución llegue al lote con una recomendación adecuada.

Cumplir 30 años permite mirar el camino recorrido, pero también obliga a definir qué sigue. Para ADAMA, la respuesta está en profundizar una forma de trabajo que se mantuvo constante a través de los cambios: entender los desafíos reales del agro argentino y convertir ese conocimiento en soluciones prácticas.

Tres décadas después de su llegada como MAGAN, ADAMA vuelve a ratificar su compromiso con el país. No como una declaración de aniversario, sino como una decisión concreta de seguir invirtiendo, innovando y estando presente allí donde comienza cada resultado: en el campo.

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